Say “Kiss-Me”

robot_iron

Robots que cantan, bailan, saltan a la comba, te siguen, sudanescuchan tus penas; ositosdepeluchesúperrobot con 1500 sensores y conexión wifi para fines terapeúticos, mascotas electrónicas para niños, tamagochis que van al servicio, furbies vestidos de leopardo… son recreaciones de aspecto o funciones humanoides o animalísticas que nos recuerdan qué es  amistoso y qué no, facilitándonos que nos conectemos emocionalmente a ellos.

Ya pero, ¿es que no puedo besar a mi plancha? ¿y si quiero dormir la siesta con mi batidora? ¿no es el móvil el mejor amigo del hombre?

Roomba, de iRobots, es una aspiradora con aspiraciones afectivas, perfectamente redonda y marciana como un platillo volante, que no habla, que básicamente detecta paredes y limpia la suciedad del suelo y qué lo más amable que hace es volverse a su base ella solita para ponerse a cargar;  y que muchos de sus dueños  han terminado por poner vestiditos, un nombre y considerar un miembro más de la familia. Casi como un ipod, pero en aspiradora.

A continuación un vídeo sobre robots emocionales, de New Scientist Video,  que muestra el Roomba (disponible en Europa desde hace un par de meses) además de otros proyectos:

John Maeda, en el libro Las Leyes de la Simplicidad (p. 69), le llama a esta forma de relación afectiva Aichaku: Ai=Amor  Chaku=Adaptación. Siguiendo la explicación de Maeda:

Aichaku es una palabra de origen japonés, compuesta por dos caracteres kanji, que describe el sentido del vínculo emocional más profundo que alguien puede sentir por un objeto. Es una especie de amor simbiótico por un objeto que merece afecto no por lo que hace, si no por lo que es.

Se trata de la expresión  sintoista – animista que define la relación que se debe establecer con el entorno, según la que todo lo que nos rodea, incluso los objetos inanimados, tienen un espíritu vivo que debe ser respetado.

En occidente, aunque el vínculo  funcione de modo similar, creo que tenemos un camino diferente. Para mí, lo más fascinante es su aspecto imaginario, esa suerte de “delirio” o ilusión que terminamos proyectando sobre el objeto para creer que necesita nuestro cariño en una especie de demanda inventada de nuestro deseo/atención.

funny-robot

Quizás  las personas, en nuestra necesidad de conseguir lazos afectivos seguros, terminamos construyendo máquinas que nos permiten disfrutar de vínculos que podamos mantener bajo control e incluso modular según diferentes utilidades. Producimos demandantes de nuestro deseo artificiales y controlados, esclavos de nuestro amor en el más estricto sentido etimológico de “robot” ( del checo “robota= trabajos forzados” y “rabota=servidumbre”) y con toda su mitología.

Sin embargo, en el fondo,  puede ser que el amor no humano sea en realidad amor súperhumano: toda una construcción de  mantenimiento de nuestros afectos vivos independiente del sistema de valores/roles en el que estamos inmersos. Un verdadero amor libre.

Y ahora,  dí “bésame”:

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