Iluminaciones visionarias

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No hay época más iluminada y visionaria que la infancia. Dice  mi madre  que tardé una eternidad en empezar a andar. Eso fue porque no quise levantarme hasta  haber agotado las posibilidades exploratorias del mundo a ras de suelo, una tarea más extensa y compleja que los procesos de desarrollo infantil descritos por los pediatras. Eso sí, cuando empecé a andar erguida lo celebré caminando de puntillas. Y cuando estaba a punto de conseguir la ingravidez total,  mis padres y un pediatra decidieron enroscarme  los pies al interior de unas botas ortopédicas frankenstenianas que me anclaran a este mundo-de-mortales-hasta-la-muerte.

Todo esto para hablar de mi fascinación por los juegos de luces y sombras sobre las superficies interiores de las casas, que nació, se desarrolló y fue documentada mentalmente durante mi larga etapa gateadora.

Pues ayer (ayer como generalidad de cualquier punto del pasado), visitando lánguida y desmotivadamente  una exposición de corte identitario, interesante (por su contenido) pero aburridísima (por su tema), sufrí una regresión a esta etapa gateadora.  Me encontré con un destello rugoso que me hablaba a ras de suelo: ralladuras, raspaduras,  manchas, hendiduras, huellas, trazas sobre la tarima de madera. Orografías enteras brotando, como la superficie de un planeta, reveladas por la luz lateral de los neones ocultos en unos paneles, a su vez destinados a ser iluminados por unas proyecciones cinematográficas en blanco y negro.

Las cicatrices  y cráteres desbarnizados en la corteza del suelo cuentan la historia, en primera instancia narrativa, del ejercicio hiriente del montaje y desmontaje de estructuras, junto a las erosiones zapatiles de los sucesivos visitantes. El montaje y escenografía,  según el discurso expositivo de turno, se convierte en la  segunda instancia narrativa, colocando ante nuestra mirada las obras o  tercera instancia narrativa. O sea: 1, la revelación iluminada de las trazas en el suelo, 2 las estructuras de montaje expositivo, 3 las obras.

Como en el Universo todo es una cuestión de perspectiva y ningún orden de disposición es  tal, observar una exposición de abajo arriba se convirtió para mí en una experiencia mucho más apasionante, liberadora y operativa que verla de frente. Una suerte de  metailuminación metanarrativa o de metanarración metailuminada, tal que: descubrimiento de iluminación de primera instancia, gracias a la iluminación de segunda instancia que se ocupaba de mostrarnos otras iluminaciones de tercera instancia.

Pueden ver las raspaduras en el suelo del CCCB, iluminadas por los neones de los paneles de proyección de las maravillosas pelis de Pere Portabella  y Segundo de Chomón, de la exposición Il·luminacions, Catalunya Visionària, hasta el 17 de mayo en Barcelona.

Hoy, más que nunca, a sus visionarios pies.

P.D: Ahora que lo releo, creo que aún hay otra instancia narrativa más… los pliegues de la observación astronómica son infinitos.

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Una respuesta to “Iluminaciones visionarias”

  1. Everaldo Says:

    Creo que los pediatras coincidirían conmigo si te digo que los que tardan en empezar a caminar son los que mejor se ubican (multiples lecturas) en el mundo. Ya me lo dirás.

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